En esta nueva entrada me dedicaré a hacer una breve descripción sobre los
aspectos a tener en cuenta a la hora de realizar pruebas de evaluación según
los parámetros descritos en el Marco Común de Referencia.
El Marco Común de Referencia propone escalas de descriptores del grado de
dominio de las lenguas que proporcionan una base común para la evaluación de
las competencias adquiridas por los alumnos en cada nivel. En el propio documento podemos leer:
Así, pues, con el ánimo de vencer las barreras producidas por los distintos sistemas educativos europeos, el
El Marco describe de forma integradora lo que tienen que aprender a hacer los estudiantes de lenguas con el fin de utilizar una lengua para comunicarse, así como los conocimientos y destrezas que tienen que desarrollar para poder actuar de manera eficaz. La descripción también comprende el contexto cultural donde se sitúa la lengua. El Marco de referencia define, asimismo, niveles de dominio de la lengua que permiten comprobar el progreso de los alumnos en cada fase del aprendizaje y a lo largo de su vida. (Marco, 1.1)
Marco:
[…]proporciona a los administradores educativos, a los diseñadores de cursos, a los profesores, a los formadores de profesores, a las entidades examinadoras, etc., los medios adecuados para que reflexionen sobre su propia práctica, con el fin de ubicar y coordinar sus esfuerzos y asegurar que éstos satisfagan las necesidades de sus alumnos. (Marco, 1.1)
Toda medición o valoración es una forma de evaluación, pero en un programa de lenguas se evalúan aspectos, no propiamente del dominio lingüístico, como la eficacia de métodos y materiales concretos, el tipo y la calidad del discurso producido a lo largo del programa, la satisfacción del alumno y del profesor, la eficacia de la enseñanza, etc.(Marco, 9.1)
Por lo tanto, podríamos decir que, en línea general, el Marco nos ofrece
una doble dimensión: por un lado una dimensión VERTICAL, constituida por los niveles comunes de referencia que
sirven para describir el grado de dominio lingüístico del alumno; y por el
otro, una dimensión HORIZONTAL
constituida por parámetros que describen el uso de la lengua y la habilidad del
usuario para utilizarla, es decir actividad y competencia comunicativa.[1]
Sin embargo, este aspecto puede ser muy difícil de integrar en la organización
de las clases y en la evaluación, puesto que son estrategias.
Además, a la expresión, comprensión e interacción oral y escrita el Marco
introduce también la comprensión audiovisual que resulta fundamental en una
sociedad, como la actual, en la que las nuevas tecnologías han tomado un papel
relevante.
Por lo tanto, a la hora de preparar una prueba de nivel, habrá que tener en
cuenta todos estos elementos y, sobre todo, será necesario que los docentes,
además de estar familiarizados con el Marco y con los criterios de evaluación en
ello descritos, estén dispuestos a planificar de forma conjunta un tipo de prueba
que tenga en cuenta estos parámetros.
Desde la perspectiva del plurilingüismo, la finalidad de la enseñanza de
una lengua extranjera ha quedado profundamente modificada, y por lo tanto, el
aprendizaje de un idioma extranjero ya no se contempla como el simple logro del
«dominio» aislado de una o dos lenguas, sino como el desarrollo de un
repertorio lingüístico en el que tengan lugar todas las capacidades
lingüísticas, lo que supone incrementar la complejidad de la preparación, si
hacemos caso a ese objetivo.
En conclusión, podemos afirmar que, para responder a la demanda de una
comunicación internacional más eficaz, al respeto por la identidad y la
diversidad cultural, a un mejor acceso a la información, a una interacción
personal más intensa, a una mejora de las relaciones de trabajo y a un
entendimiento mutuo más profundo, el marco plantea el aprendizaje de idiomas a
lo largo de toda la vida, estableciendo unas directrices para:
- Propiciar y facilitar la cooperación entre las instituciones educativas de distintos países.
- Proporcionar una base sólida para el mutuo reconocimiento de certificados de lenguas.
- Ayudar a los alumnos, a los profesores, a los diseñadores de cursos, a las instituciones examinadoras y a los administradores educativos a situar y a coordinar sus esfuerzos, Teniendo en cuenta las características de cada curso en concreto y del contexto del centro y tipo de enseñanza.


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